Toda una vida haciendo Radio

La eterna soledad de Juan Pablo Castel

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Nicole González Falciano, Universidad de La Laguna

Es raro que nosotros,
capaces de tanto sufrimiento,
tengamos que infligir tanto sufrimiento.
 
Las olas, Virginia Woolf

Ernesto Sábato es considerado como una de las grandes figuras de la literatura hispanoamericana. No solo se dedicó a la escritura, también destinó parte de su vida a otros campos como el de la ciencia. En 1937 defendió el doctorado en Ciencias Físicas y Matemáticas, siguiendo su investigación a partir de la beca que le ofrecen para investigar sobre radiaciones atómicas en el Laboratorio Curie de París. Fue su relación con el movimiento surrealista y con algunos artistas de esta corriente, lo que le llevaron a apartar la ciencia de su vida para dar paso a su época como escritor. Su obra narrativa consta de tres novelas: El túnel (1948), Sobre héroes y tumbas (1961) y Abaddón el exterminador (1974), aunque también destacó como ensayista con obras como Uno y el universo (1945) o El escritor y sus fantasmas (1963). A través de ellas demuestra su influencia de la corriente existencialista y su forma pesimista e infeliz de ver y tratar la sociedad en la que vivía. Con obras como El túnel o Sobre héroes y tumbas se puede apreciar la repercusión que tuvo en la literatura hispanoamericana de la época, incluidas dentro de las novelas que dieron paso al fenómeno denominado “Boom latinoamericano”. Escritores como Sábato intentaban advertir a través de un estilo nuevo de narración de la verdadera crisis social que estaba sufriendo Latinoamérica y de los tormentosos dilemas culturales del siglo XX. Ese trasfondo social que muestra la realidad del universo latinoamericano en sus obras tiene vital importancia, puesto que refleja las consecuencias de vivir en una sociedad deshumanizada, la cual puede despojar al ser humano de su alma. Mediante los personajes de las obras del escritor y de las situaciones a las que estos se enfrentan, Sábato ha reflejado esa angustia por la soledad y por otros aspectos que desde siempre lo han atormentado, los cuales se pueden ejemplificar a través de personajes como Juan Pablo Castel, protagonista de su primera novela. Este personaje ha conseguido adentrarse en el pensamiento del lector, haciendo que este llegue a comprender su dolor y sufrimiento a lo largo de la novela a pesar de que sus acciones están alejadas del concepto ético-moral del ser humano. Esto es debido a que la soledad que este siente viene dada por razones que nos va mostrando a través de sí mismo y de otros personajes, ya que conocemos al resto de estos a través de la mirada de Castel. Es decir, este se autodefine a través de su discurso y, al mismo tiempo, nos hace ver cómo son y cómo se comportan a sus ojos otros personajes de la novela.

«…en todo caso, había un solo túnel, oscuro y solitario: el mío» Esta es la frase con la que Sábato da paso al inicio de El túnel y con la que marca al lector desde que emprende la lectura. Junto con el título están cargados de una simbología que hace alusión al aislamiento personal de la vida del protagonista en concreto. Antes de empezar la lectura de la obra, Sábato permite al lector interpretar por sí mismo a través de esta frase inicial, que la novela abarca la soledad de alguien y que representaría uno de los temas principales de esta. Efectivamente, la soledad y el aislamiento son los temas que repercuten a toda la obra a través de la caracterización de los valores psicológicos y las luchas internas del hombre en general mediante el personaje principal. El escritor usa la novela para indagar en esa realidad interna del personaje que representa a su vez la realidad del ser humano en general.

Pablo Castel hace referencia a dos túneles. Uno de ellos es el suyo interior, en el que él se encuentra aislado y marginado por el resto del mundo, por una sociedad que no le comprende y que le hace sentir atrapado en una lucha constante por sobrevivir. La escritora Carmen Quiroga define esa sensación en su libro Entrando a El túnel de Ernesto Sábato: análisis e interpretación de la siguiente forma:

La lucha del que pasa por la vida como por un túnel, por comunicarse, por hallarle sentido humano a la existencia, he aquí lo que constituye el esfuerzo máximo de la novela. Todo el interés se dirige a la dilucidación de una existencia que no parece tener otro sentido sino la desesperanza (Quiroga, 1977: 13).

A este le causa cierta repugnancia comunicarse con el resto del mundo, ya que afirma que detesta a cada una de las personas que viven en él y esa incomunicación le va causando un deterioro mental que le lleva a destruir el único motivo que le ha hecho “subsistir”:

Realmente, en este caso hay más de una razón. Diré antes que nada, que detesto los grupos, las sectas, las cofradías, los gremios y, en general, esos conjuntos de bichos que se reúnen por razones de profesión, de gusto o de manía semejante. Esos conglomerados tienen una cantidad de atributos grotescos: la repetición del tipo, la jerga, la vanidad de creerse superiores al resto (Sábato, 1980: 67).

Por otro lado, se refiere a un segundo túnel, el de María Iribarne, la única persona que parece comprender ese cuestionamiento existencialista que envuelve a Castel. A este personaje podemos caracterizarlo como la constante de la obra, ya que través de ella este consigue comunicarse con otros personajes y además, es quien le permite apreciar un rasgo de esperanza en el ser humano. A pesar de ello, la situación no concluye bien, ya que de un modo u otro nunca llegan a cruzarse ambos túneles, pues la desconfianza que habita en Castel puede más y le hace consciente de la imposibilidad que hay en esa unión idealizada:

Y era como si los dos hubiéramos estado viviendo en pasadizos o túneles paralelos, sin saber que íbamos el uno al lado del otro, como almas semejantes en tiempos semejantes, para encontrarnos al fin de esos pasadizos, delante de una escena pintada por mí, como clave destinada a ella sola, como un secreto anuncio de que ya estaba yo allí y que los pasadizos se habían por fin unido y que la hora del encuentro había llegado. ¡La hora del encuentro había llegado! Pero ¿realmente los pasadizos se habían unido y nuestras almas se habían comunicado? ¡Qué estúpida ilusión mía había sido todo esto! No, los pasadizos seguían paralelos como antes, aunque ahora el muro que los separaba fuera como un muro de vidrio… (1980: 160).

Por lo que a través de Castel el escritor intenta mostrar su idea de esa sociedad manipulada que hace daño a quienes no se someten a sus normas, y refleja que la existencia humana en general está y estará marcada siempre por un antes y un después. Mediante esto también podemos apreciar que Sábato ha dejado un rastro de los fantasmas que le han afectado desde su juventud, y que aunque este no se sienta identificado del todo con el protagonista, existen algunos matices que hacen que ambos se caractericen, y estas palabras de su esposa nos ayudan un poco a representarlo:

Sábato es un hombre terriblemente conflictuado, inestable, depresivo, con una lúcida conciencia de su valer, influenciable ante lo negativo y tan ansioso de ternura y de cariño como podría serlo un niño abandonado. […] La ciencia lo limitaba de forma atroz, de modo que fue lógico haber buscado el único cauce que podría ayudarlo a expresar, a vomitar su tormento interior: la novela1.

Lo que quiere decir que tanto Sábato como Castel son víctimas de una sociedad depravada que les causa múltiples conflictos internos y que terminan siendo consecuencia de un comportamiento excéntrico. Por lo que el propósito del autor es reflejar que el conjunto de todo esto es resultado del trastorno que le supone al personaje el supuesto aislamiento que le provoca María: «Tengo que matarte, María, me has dejado solo» (Sábato, 1980: 163). En este caso, por ejemplo, excusa el crimen que está a punto de realizar con que María le haya abandonado, por lo que interpretamos que su soledad y su incomunicación es tan profunda que ve lógico su razonamiento de matar a alguien por el hecho de que no le comprenda y no se fie de este. Por tanto, esa crisis existencial que envuelve al personaje refleja aquellos traumas que también han llevado al escritor en su vida por un túnel oscuro y solitario. Además de la visión desmoralizadora del mundo que comparten Sábato y Castel, el protagonista también es pintor, y como todo artista, intenta reflejar a través de su trabajo las pasiones que siente, en este caso, el dolor y la soledad. La idea de que ambos pinten su realidad la podemos interpretar como una señal de mostrar al resto de la sociedad su propia perspectiva del mundo, la cual no es vista por los demás con la claridad con la que ellos creen que la transmiten. Este aspecto nos hace reflexionar sobre si esa intención por parte del personaje-pintor y del escritor-pintor es un método de manifestar su lucidez o su locura.

La incertidumbre que podemos ver representada en los distintos comportamientos del personaje es la que nos permite conocer las cuestiones existencialistas que han preocupado al hombre del siglo XX, entre ellas, el pensamiento de filósofos como Kierkegaard, Sartre o Freud que repercuten sobre las preocupaciones del personaje constantemente, y las cuales son consecuencia de la gran influencia de estos en la trayectoria literaria de Sábato. Entre ellas también hay otras preguntas reflexivas de Castel que le llevan a tomar sus propias conclusiones sobre el resto de personajes, en especial de María, con lo que podemos deducir la falta de seguridad que tiene el personaje en sí mismo: “¿Por qué esa manía de querer encontrar explicación a todos los actos de la vida?¿Qué era verdaderamente?¿Por qué huyó?¿Con quién, cuándo, cómo?¿Cómo no había pensado antes en esa posibilidad?¿Cómo no me había advertido de que estaba casada?, ¿Qué quería decir verdaderamente?” Este es consciente de que son demasiadas las inquietudes que pretende resolver al mismo tiempo, por lo que es otra forma que tiene el escritor para ir revelando el estado de locura que este puede alcanzar en cualquier momento.

Juan Pablo Castel es consciente de que vive en una angustia constante por no entender a la humanidad de la que se rodea, pero al mismo tiempo, sufre desesperación por encontrar a alguien en el mundo que consiga entender sus inquietudes, preocupaciones y especialmente, su sufrimiento. Por lo que de estas contradicciones podemos suponer que es un ser trastornado por esa soledad tan interiorizada que padece, y que determina que ese aislamiento en el que se encuentra se debe a su incapacidad para comunicarse con otros seres humanos. La poca esperanza que ha puesto en la humanidad llegó en el momento en el que se dio cuenta de que una única persona había entendido su pintura, lo que suponía que todavía estaba a tiempo de alcanzar su objetivo:

Nadie se fijó en esa escena: pasaban la mirada por encima, como por algo secundario, probablemente decorativo. Con excepción de una sola persona, nadie pareció comprender que esa escena constituía algo esencial. Una muchacha desconocida estuvo mucho tiempo delante de mi cuadro […] miró fijamente la escena de la ventana y mientras lo hacía tuve la seguridad de que estaba aislada del mundo entero: no vio ni oyó a la gente que pasaba o se detenía frente a mi tela. La observé todo el tiempo con ansiedad. Después desapareció entre la multitud, mientras yo vacilaba entre un miedo invencible y un angustioso deseo de llamarla. […] Cuando desapareció, me sentí irritado, infeliz, pensando que podría no verla más (1980:65).

Ese miedo del que nos habla el personaje principal representa la angustia que le da el pensar que ha tenido muy cerca la posibilidad de romper esa incomunicación y que se le ha escapado muy fácilmente. Ese ejemplo nos hace observar todos los sentimientos dañinos que sufre Castel, tales como obsesión, rabia, celos y terquedad por insistir en esa sensación de la que se ha percatado. Es decir, desde el inicio de la novela, Sábato nos advierte de que la psicología del personaje es un sube y baja de emociones que se centran en un fin, saber cómo se refleja ante los ojos de María y además, del resto del mundo:

A los dos días recibí, por fin, una respuesta que decía estas únicas palabras: «Tengo miedo de hacerte mucho mal.» Le contesté en el mismo instante: «No me importa lo que puedas hacerme. Si no pudiera amarte me moriría. Cada segundo que paso sin verte es una interminable tortura.» Pasaron días atroces, pero la contestación de María no llegó. Desesperado, escribí: «Estás pisoteando este amor» (1980:102).

María Iribarne es una persona interesada en la pintura, ya que sabe apreciar los matices y la simbología de esta, y acude a exposiciones donde se reúnen las obras de distintos pintores, entre ellos, Pablo Castel. Lo que nos permite suponer su sensibilidad. Además, podemos observar la frialdad e inaccesibilidad de su personalidad, ya que es una persona que nunca deja ver lo que realmente siente o piensa, es decir, es un personaje cargado de misterio y de oscuridad. Castel vive en una constante incógnita en cuanto a los sentimientos de esta, pues esa indiferencia que muestra María en algunas ocasiones es lo que demuestra esa melancolía que envuelve al personaje.

A lo largo de la obra hay una batalla constante entre lo femenino y lo masculino. Como hemos visto, María es una figura cargada de simbolismo y con ella se marca la huella de la feminidad, pues no solo carga con esa lucha entre lo masculino y lo femenino, sino que además, ofrece la visión de dos mujeres en una; María Allende, por un lado, representa el lado disciplinario, decoroso y delicado; y, por otro lado, María Iribarne, que se caracteriza por la parte independiente, imperfecta y descortés, aunque siempre girando alrededor de la figura masculina y retratada con menos relevancia2. Con respecto a su moralidad, consideramos a María como una mujer libre que hace lo que realmente desea, la cual tiene una visión de la relación conyugal totalmente diferente a la de Castel, pues su relación con este al mismo tiempo que su matrimonio con Allende, y, además, la supuesta relación con Hunter, nos muestra la filosofía sumamente liberal que construye su independencia emocional, contrapuesta a la de Pablo Castel.

La aproximación de la relación entre ambos personajes sucede a través de la pintura que presenta el protagonista en el Salón de Primavera de 1946, denominada Maternidad. A través de este título podemos hacer múltiples interpretaciones del porqué se titula de esa forma, pero partiremos de lo que Castel nos ofrece sobre este:

Arriba, a la izquierda, a través de una ventanita, se veía una escena pequeña y remota: una playa solitaria y una mujer que miraba el mar. Era una mujer que miraba esperando algo, quizá algún llamado apagado y distante. La escena sugería, en mi opinión, una soledad ansiosa y absoluta (1980: 65).

Que la obra se titule de esa forma es uno de los matices que caracterizan a María como esa figura que representa para Castel más que simplemente una amante. Podemos apreciar en la obra cómo esta simboliza a cada una de las mujeres que Castel necesita en su vida, especialmente la silueta de la madre. En el inicio de la obra, el personaje nos explica su miedo desde pequeño a perder a su madre, la cual murió de cáncer y no pudo completar esa labor como madre que le hizo falta a Castel. Por ello, en algunas escenas, Castel le explica a María que se siente como un niño cuando está a su lado, porque la importancia que ha supuesto para este el que alguien le comprenda se ha convertido en una forma de liberar sus frustraciones. Desde el primer momento en que su percepción entra en contacto con ella, este siente que debe ser de su pertenencia, “la observé todo el tiempo con ansiedad. Después desapareció entre la multitud, mientras yo vacilaba entre un miedo invencible y un angustioso deseo de llamarla” (1980:65). Y es a partir de este momento en el que Castel empieza a confundir el amor con obsesión porque cree que ha encontrado a la persona que va a romper con su soledad sin percatarse de los conflictos que puedan efectuarse, simplemente preocupándose por cómo puede contactar con ella, y sin interesarse por si realmente ella quiere establecer ese contacto.

Por tanto, no podemos afirmar que María solo represente ese amor idealizado que busca Castel porque, como ya hemos dicho, esta interpreta todo lo que se ausenta en el protagonista y este intenta absorberlo todo a la vez, sin pensar en quién es realmente María, solo en lo que significa y supone para él. Es por ello por lo que caracterizamos a María como el alter ego que busca el protagonista, la única persona que puede compartir su soledad y lo más importante, entenderla. Lo irónico es que al final de la obra, cuando Castel nos habla en presente desde la cárcel, hace alusión a que mira a través de la ventanita que se encuentra en su calabozo, lo que simboliza que el escritor nos intenta insinuar que desde que Castel nos habla del cuadro que pintó (Maternidad), estaba anticipando la situación en la que el personaje principal acabaría: “era una mujer que miraba esperando algo, quizá algún llamado apagado y distante. La escena sugería, en mi opinión, una soledad ansiosa y absoluta” (1980: 65). Y además, este confiesa que lo positivo de estar en la cárcel es que puede seguir pintando, por tanto, podemos interpretar la pintura tanto como una señal de aislamiento, la cual usa para evadirse del mundo en el que se encuentra, o como un símbolo de comunicación, que le permite plasmar esa visión perturbadora que tergiversa la peculiar perspectiva que tiene Juan Pablo Castel de su situación y en especial, de la vida en general:

A veces creo que nada tiene sentido. En un planeta minúsculo, que corre hacia la nada desde millones de años, nacemos en medio de dolores, crecemos, luchamos, nos enfermamos, sufrimos, hacemos sufrir, gritamos, morimos, mueren y otros están naciendo para volver a empezar la comedia inútil (1980: 87). 


Notas

1 Palabras de la esposa del escritor, Matilde Kusminsky-Richter, en respuesta a una carta a Carlos Catania. Citado por este en la revista Entre la letra y la sangreconversaciones con Carlos Catania (1989).

2 Se puede apreciar una destacable falta de protagonismo de las mujeres en la obra de Ernesto Sábato, reforzada por ciertos testimonios en ensayos como Heterodoxia que retratan una marcada oposición entre hombres y mujeres: “La guerra, la conquista física o intelectual (territorios, geometrías, ideas filosóficas) son hipóstasis de esa primera actitud venatoria del macho. Don Juan y Napoleón no podrían ser sino personajes masculinos” (1973: 140).

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